El resultado es orientativo. Debe leerse como una recomendación operativa, no como una imposición exacta al decimal. Si tu cálculo queda entre dos escalones, la decisión final depende de tu tolerancia al riesgo y de cómo uses la vivienda. Si valoras estabilidad total y hay muchas coincidencias de aparatos, suele ser prudente redondear hacia arriba. Si buscas ahorrar y sabes que controlas bien las cargas, puede bastar el escalón inferior.
Lo ideal es contrastar este resultado con tres pruebas adicionales: tus facturas recientes, la experiencia real de cortes o saltos del ICP y, cuando esté disponible, los máximos registrados por tu contador o distribuidora. Si las tres fuentes apuntan en la misma dirección, tendrás una base sólida para cambiar de potencia con criterio.
Además, recuerda que potencia y consumo son cosas distintas. Puedes tener poco consumo mensual y, aun así, necesitar una potencia razonable si concentras mucha demanda en tramos concretos. Y también puedes consumir mucho a lo largo del mes sin necesitar una potencia muy alta, si repartes bien el uso de tus aparatos.